LA JUSTICIA ITALIANA RECONOCE FILIACIÓN DE ORIGEN EN GESTACIÓN SUBROGADA

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El reconocimiento de la filiación de los niños nacidos gracias a Gestación por Sustitución (GS) es algo esencial para que se respeten los derechos del niño recogidos en la Convención adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1989.
La batalla legal por este reconocimiento se ha generalizado en toda Europa –y el mundo- y los tribunales, en número creciente, están sentenciando a favor de las familias y menores.

Así acaba de suceder en Italia, con la histórica sentencia 19599/2016 del Tribunal de Apelación de Trento, del 23 de febrero, que establece la «absoluta indiferencia de las técnicas de procreación, que se hayan utilizado en el extranjero, respecto al derecho del menor de ser reconocido como hijo de los padres que lo hayan portado al mundo, en el ámbito de un proyecto de crianza compartida». Ahora, ambos niños serán inscritos con el apellido de ambos padres. Serán reconocidos como hijos verdaderos de sus verdaderos padres.
Porque la esencia de la filiación es esa: Proyecto. Crianza Compartida. Y no lazos biológicos que han sido superados por la realidad y las leyes hace mucho tiempo. Leer la Sentencia de Trento es toda una lección para quienes, varados en el río de la historia, creen que familia hoy debe ser lo que se creó en la edad de piedra.

Marilena Grassadonia, presidenta de la Asociación italiana Famiglie Arcobaleno se hace eco de la importancia de este fallo jurídico, pero señalando que, por desgracias, los niños en Italia tienen diferentes derechos en función de dónde nacieron y dependiendo de cuál sea el tribunal que decida sobre sus vidas y sus familias. Es ‘una injusticia que debe remediarse tan pronto como sea posible”.
España no es ajena a este tipo de injusticia y eso que, hace ya muchos años, se reconoció la filiación intencional en varios supuestos, como en el caso de la donación de semen o en la donación de óvulos. Es más, en España no es preciso ni ovular, ni embarazarse, ni parir para ser madre. Basta con estar casada con otra mujer y decir que se quiere (intención!!) ser madre dentro de un proyecto común. E incluso esto ya es historia.
En nuestro país, la filiación intencional quedaba reconocida con la Sentencia del Tribunal Supremo en el caso de Maribel Blanco. Maribel, esa gran mujer, lograba una sentencia firme en marzo de 2015 que la reconocía como madre de su hijo, aún sin haber gestado ni parido. Aún sin estar casada con la mujer que dio a luz. Porque lo que importa para ser madre no es la biología, si no la intencionalidad: el amor y el proyecto de crear una familia. Y así lo reconoce el Tribunal Supremo de España.

Hace unos días, en un debate público sobre GS, se podía escuchar a una política española planteando dejar de inscribir, en el registro civil, a niñas y niños nacidos gracias a gestación subrogada. Dicho de otro modo, que se le negase a niñas y niños españoles la nacionalidad española, el derecho al apellido de sus padres, el derecho a heredar a su padres, el derecho a… Que se les negasen derechos esenciales del niño.
Escuchar semejante barbaridad en labios de una diputada, oír como se quiere discriminar a niños en razón de nacimiento -lo que es anticonstitucional-, da una idea de hasta donde llega la pobreza intelectual de quienes piensan mas en sus privilegios que en los DDHH.

Mientras la clase política, de uno y otro signo, valora más su moralina y sus principios sacros que los DDHH, la defensa de los Derechos del Niño está siendo realizada por los jueces.
Esperemos que nuestras autoridades legislativas tomen nota del cúmulo de sentencias y de evidencias que apoyan la filiación y la regulación en GS. Esperemos que el poder judicial no tenga que seguir haciendo el trabajo del poder legislativo.

Esperemos que España, de una vez, modifique la ley de Reproducción y deje de dar y quitar derechos reproductivos según la técnica que sea precisa para fundar la propia familia

Regular la GS es prioritario si de verdad se cree que los DDHH son algo valioso en nuestra sociedad.
La justicia italiana lo acaba de decir alto y claro.

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