Educando en la Subrofobia

El señor Enrique Peinado Moro, más conocido como Quique Peinado, publicaba hace unos días un artículo titulado «Cómo educar contra la gestación subrogada».

En él reflexiona sobre el hecho de que sus hijos, probablemente, compartan clases y juegos con niñas y niños nacidos mediante Gestación por Sustitución (GS), toda vez que en escuelas e institutos españoles hay ya miles de ellos. Don Enrique comenta lo difícil que le resulta transmitir su doctrina sobre esos menores, y educar contra ellos y sus familias, sin que parezca que eso es, justamente, lo que hace.

 

Su finalidad queda clara al empezar el texto recurriendo a una falacia habitual en quienes rechazan la GS: el tráfico de menores. «Soy radicalmente contrario, sin matices, a la compra de niños, también conocida como gestación subrogada», dice. Bien es verdad que luego añade que «ese niño o niña no tienen nada de malo», pero lo hace una vez ha dejado clara la bajeza de su origen.

Como todo el mundo sabe, la compraventa de menores es un delito perseguido y penado internacionalmente. Por contra, la GS está regulada en los 5 continentes, regulación que va en aumento como atestiguan los proyectos de ley de Chile, Bélgica, Finlandia, Irlanda, Cuba, Holanda, Paraguay, Nueva Zelanda, etc. etc.

En todo caso, si el señor Peinado tiene evidencias de la compra de un menor, más que filosofar sobre cómo decírselo a sus hijos, debería acudir a la comisaría más próxima y presentar denuncia y pruebas de tan despreciable delito.

 

La realidad es que, en la mayoría de los casos, la relación de las mujeres con los menores que traen al mundo crea nuevos afectos, nuevas estructuras familiares que rompen con el legado histórico de la filiación y que el tradicionalismo, como es habitual, descarta sin llegar a comprender.

 

Casualidades de la vida, cuando se difundió el referido artículo, andaba yo leyendo sobre las Siete Partidas de Alfonso X, de cuyo nacimiento se celebra el octavo centenario. El paralelismo entre el ayer y el hoy saltó inmediatamente ante mis ojos.

Me explico.

En el siglo XIII se redactó el código conocido como Las Siete Partidas. En la Partida Cuarta, dedicada al derecho de familia, se registra cómo denominar a los niños en razón de nacimiento, de forma que, frente a los legítimos, se consideran:

  • Naturales: los nacidos de barraganas, nombre dado a la mujer que convive con un hombre sin estar casada con él.
  • Fornezinos: los nacidos en adulterio o como fruto de relaciones entre parientes o los nacidos de monja.
  • Manzeres: los nacidos de prostitutas.
  • Notos: los nacidos dentro del matrimonio pero que no son hijos del esposo.
  • Etcétera.

 

Con el devenir de la historia, la clasificación se ha ido modificando, pero en lo esencial ha persistido y no ha tanto tiempo que la ley seguía distinguiendo entre hijos legítimos e ilegítimos. Un matiz sobre el que se educaba, pues no estaba de más conocer las diferencias entre los de buena familia y esos cuya procedencia no era limpia.

Sí, el mismo planteamiento que hace hoy el sr. Peinado, que añade de facto otro epígrafe a la partida cuarta:

  • Comprados: los nacidos de mujer que decide hacer GS.

 

Educar a los hijos, y tratar de inculcarles valores, es algo que madres y padres hacemos a diario, si bien no siempre esa educación se ancla en el respeto a los demás. Por eso hay quien educa enseñando que ser gay es una enfermedad, una desviación, una lacra. Otros lo hacen considerando que la dispar fisiología entre hombre y mujer justifica que tengamos diferentes derechos. Los hay que señalan a los migrantes como culpables de todos los males y en esas ideas forman a sus descendientes. Existen los que acusan a mujeres, de las que nada saben, de ir vendiendo a sus hijos; los que acusan a familias de tráfico de menores, aún sabiendo que ningún tribunal español o europeo, incluido el de Derechos Humanos, ha condenado a ninguna familia formada mediante GS. Y en esas ideas educan a sus hijas e hijos.

 

La subrofobia, como la misoginia, la homofobia y demás, se enseña. Nadie nace odiando. A odiar se aprende.

Personalmente, educaré en el respeto a las diferencias. Es algo que aprendí de un gran luchador por los derechos de todas y todos. También de los que son como mi hijo. Y trataré que él, ante la intolerancia, responda con serenidad «En su modelo de sociedad no quepo yo, en el mío sí cabe usted». (Pedro Zerolo).

 

Pedro Fuentes, padre.

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