50 ESPECTROS CONTRA LA GESTACIÓN SUBROGADA BUSCAN GREY

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Con la alharaca habitual -mucho ruido y pocas nueces-, se ha presentado otra Plataforma Estatal. “50 asociaciones se unen para que España rechace los vientres de alquiler”, rezaba el titular de prensa. Bajo el mismo, con cara de circunstancias, un grupo de mujeres y un hombre explicaban que son colectivos feministas y LGTBI que lucharán contra la Gestación por Sustitución (GS). Por supuesto por el bien de la mujer, la familia y la sociedad. Por supuesto usando un nombre insultante. Por supuesto poniendo en riesgo de acoso a niñas y niños.

Son personas que ya formaban una plataforma (nosomosvasijas) pero que, ante la pérdida de protagonismo, han buscado una refundación y una publicidad que ayude a sus ideas. Publicidad de algo que ni es nuevo, ni tiene tanto como dice. Porque, mas allá de repetir los mismos grupos feministas en el listado oficial, para marcar mas paquete, lo de asociaciones LGTBI es, como poco, presuntuoso, dado que solo había una, Somos Diferentes, de la que El País nos informaba que había sido “registrada hace dos meses con “una veintena” de activistas LGTBI”. ¡Ahí es ná! ¡Qué estrés debieron sufrir hasta montar este pastiche y ejemplarizar qué debe hacer un buen homosexual!, todo para que ahora haya desaparecido cual fantasma. No se encuentra por mas que se busque.

La realidad es menos romántica y más repetitiva. Cuando una sociedad busca cambiar conceptos de largo arraigo, se generan este tipo de trampolines. Así de simple. Basta recordar La Plataforma de Mujeres contra el Aborto, promovida por periodistas “profundamente feministas”, ha logrado ya el respaldo de 30.000 firmas de “todo signo político, ideológico, social o cultural”, unidas…””(El Mundo), o las “500 asociaciones contra el aborto convocan un acto provida ante el “peligro de desaliento”  (europapress), para entender de qué se trata.

El sufragio femenino, las leyes sobre igualdad, las técnicas de reproducción asistida, la adopción por parte de familias homoparentales y un largo etcétera han suscitado idéntico rechazo por parte de grupos reacios a los cambios. El mismo argumentario de esas otras ocasiones, ha sido retomado, se le ha dado una capa de barniz barato y se ha presentado a la opinión pública como novedad.
Incluso, si se miran las acciones propuestas por la Plataforma -como la de ir a gritar y acosar a cuanta persona se acerque a un hotel donde se realizará un evento relacionado con GS-, presentan un doloroso paralelismo con el acoso que profesionales y mujeres vivimos allá por los años 80 -hoy pervive en algunas ciudades- a las puertas de clínicas donde se practicaban interrupciones voluntarias del embarazo. Solo falta que fleten autobuses para recordar otras manifestaciones, como las organizadas por los obispos contra la reforma del matrimonio.

Ni he pedido ni pido que todos aplaudan el aborto voluntario, pero he pedido y pediré, siempre, que todos respeten a quien decida, o no, interrumpir su embarazo. Por las causas que sea y que solo a la persona implicada competen. La Ley de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo no obliga a nadie a nada. Solo permite a las personas decidir sobre su vida y su cuerpo.

Ni he pedido ni pido que guste a todos la modificación del Código Civil que permite el matrimonio igualitario. Pero pido y pediré, a todos, respeto a las decisiones que las personas tomen sobre cómo vivir su vida, su amor, su futuro.

Ni he pedido ni pido que a todos guste la adopción por parte de personas LGTBI. Pero pido y pediré, siempre, siempre, siempre respeto a las familias y a los menores, que tienen derecho a ser adoptados por toda persona capaz de darles amor.

Ninguna de estas reformas sociales obliga a nada ni a nadie. Están para que todas y todos tomemos nuestras propias decisiones sobre nosotros mismos y nuestros actos.
La susodicha Plataforma estatal, al contrario, pretende prohibir y limitar la capacidad de acción de mujeres, hombres y familias.
La realidad, menos romántica y más repetitiva, es que tratan de imponer la moral propia al resto del mundo. Se persigue obligar a los demás a aceptar SU moral y hostigar a quienes no piensen igual ni vivan acordes a SUS preceptos.
Dinosaurios antediluvianos, personajes que peinan ideas canosas, victorianas de rígidos ropajes, buscan tutelarnos, gobernarnos. Mujeres y hombres somos considerados grey, rebaño necesitado de férreo cayado que evite graves pecados.
Un absolutismo moral que las sociedades llevan siglos soportando por parte de quienes se consideran elegidas y elegidos, por el dedo de algún dios, para traer la verdad al mundo y explicar, a míseros mortales, qué es la vida y cómo vivirla para ser buenas y buenos ciudadanos.
Y en estás mimbres, indolentes, hay políticos que prefieren prohibir a trabajar y hacer una Ley que, como otras, a nadie ni a nada obligue, pero que reconozca y permita, en libertad y con justicia, el ejercicio del derecho a decidir de todos los seres humanos, el libre ejercicio de mirar al prójimo y resolver si se le quiere acompañar o no por el sendero de la vida.

Los que se opusieron al sufragio femenino, al matrimonio igualitario, a la adopción igualitaria, a reconocer a las personas transexuales -bus incluido- han ido perdiendo todas y cada una de esas pugnas totalitarias.
Por eso sé que quienes buscamos respeto para la Gestación por Sustitución ganaremos esta batalla. Si ninguna duda.
Entre otros motivos porque, ya, hemos ganado la calle.

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